Raya el patetismo escuchar en las tertulias a los sesudos analistas políticos buscando las responsabilidades de la escasa participación – un 46%- en los comicios europeos del día 7 en la poca ilusión por Europa que la clase política ha insuflado en la ciudadanía. Resulta asimismo patético oír a la clase política aceptando como buenos los datos de participación porque resultan prácticamente iguales -de malos, se les debió olvidar decir- que los de las últimas elecciones europeas, y muriendo de autocomplacencia con los resultados obtenidos por sus partidos, todos buenos, por supuesto, y sin realizar un poco de autocrítica. Unos porque esperaban un desastre que no se ha producido a pesar de la que está cayendo -quizás como premio a las medidas implementadas y los esfuerzos realizados de cara a la opinión pública-, otros porque han conseguido una pírrica victoria muy inferior a la que esperaban -a pesar de los paseos por los juzgados de algunos de sus líderes-, otros se consuelan con haber repetido los paupérrimos resultados de las últimas elecciones interpretando este hecho como un freno a la caída libre en la que se veían inmersos, otros porque han pescado en río revuelto y han conseguido una representación que no tenían,…, todos contentos. Y es cierto que a casi a todos se les olvidó hablar de Europa y el debate político se ha venido a centrar en problemas domésticos, si es que puede llamarse así a una falsa polémica suscitada con los desplazamientos del presidente del Gobierno y su seguridad.
¿Pero es verdad que el problema de la abstención es por la falta de motivación con respecto Europa o es la carencia de concienciación de la ciudadanía de que su voto es importante cuando se dirime cuál va a ser su futuro o el de sus hijos? ¿Cómo convencer a la gente de la importancia y la fuerza que tiene un voto no sólo en los comicios que están fuertemente polarizados ideológicamente como sucedió en nuestras generales de 2004 y 2008 -recuérdese que la participación sobrepasó entonces el 75%-? ¿Están libres de culpa los ciudadanos que actúan con ese pasotismo esperando únicamente los beneficios del sistema sin preguntarse siquiera cómo se obtienen o de dónde vienen, quejándose de lo mal que funciona todo cuando las cosas no están de su agrado y rehuyendo el compromiso e implicación con la sociedad? ¿Es de recibo que se trate a los ciudadanos que eluden sus responsabilidades como a unos menores de edad cargando sobre otros su falta de motivación, eximiéndoles de toda culpa por el incumplimiento de sus obligaciones? ¿No sería normal que la ciudadanía tomara consciencia de una vez que en democracia la política se hace desde abajo y que a quienes hay que motivar son a nuestros representantes para que hagan bien su trabajo, ya que cobran con nuestros impuestos? ¿Tenemos los ciudadanos derecho a disfrutar de los beneficios de la democracia y podemos eludir, sin más, la responsabilidad más básica que tenemos con ella? ¿Colisiona el derecho a “no votar” con el deseo de una sociedad mejor de las personas que se implican, cuando las consecuencias se reparten entre todos por igual? ¿Quiénes serán los verdaderos culpables cuando pase algo de lo que tengamos que arrepentirnos?
Entre tanto, en España ha ganado las elecciones un partido, en medio de un escándalo por corrupción, cuyo cabeza de lista no condena el franquismo porque considera que en aquella época se vivía en una “extraordinaria placidez”, y que no hace mucho secundó la afirmación de un alto representante de la Iglesia Católica que considera que abortar es peor que los abusos sexuales a menores cometidos por el clero; y en el resto de Europa, de forma preocupante, ultras, xenófobos, eurófobos, euroescépticos y populistas se abren camino hacia la Eurocámara gracias a la desidia generalizada con la intención de reventar el sistema sentados en el mismo centro de sus instituciones.
Yo siempre he creído en la Justicia. Es cierto que muchas veces me he cabreado porque considero que va lenta, pero luego me he contentado con aquello de que más vale lento, pero seguro. Aunque lo mismo luego me vuelve a mosquear con eso de las prescripciones o las eximentes de la obediencia debida.




La reacción de la blogosfera y de las redes sociales no se ha hecho esperar y los obispos tendrán una contestación por parte de las mujeres, y de los que las apoyamos en sus decisiones, a la comparación que hacen en la campaña anti abortista de la protección del embrión humano a la que se le da a determinadas especies en peligro de extinción.






Qué habéis dicho