El “niñodios”

13 03 2009
Andrés y Javier con sus padres. Foto: EFE

Andrés y Javier con sus padres. Foto: EFE

El Dios de los roucos está cabreado.

Los padres de Andrés pudieron  tener un hijo, Javier, que está libre de la enfermedad que padece su hermano desde que nació hace siete años y que él también hubiese padecido a causa de que al Dios de los roucos se le pasó por alto lo de la genética. Esto fue posible gracias a que los médicos del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla fueron capaces de seleccionar a Javier de entre otros embriones para que naciera sano.

A los roucos no les gusta que el hombre juegue a ser su Dios -del que dicen tener el monopolio de su representación- ni para escapar de la muerte ni para salvar la vida de un niño, ni de dos. Tampoco les gusta que la gente muera sin dolores, acuérdense del doctor Montes. Aunque no estoy seguro de lo que pensarían si los que pasaran dolor o fuesen a morir atormentados por ellos fueran ellos mismos o algún allegado suyo, ni sabría precisar ahora si los roucos tienen familia o sólo allegados; ni siquiera estoy convencido de lo que harían si fueran los padres de Javier y de Andrés.

Pero el cabreo va más allá. Gracias a la manera “perversa” en que progresa la ciencia -¡y aquí, en Andalucía!- Javier no sólo se ha salvado de morir a los cuarenta años a causa de una enfermedad que no me importa cómo se llama y tras una anémica existencia -que le hubiese obligado a recibir transfusiones sanguíneas semanalmente-, hasta que la muerte lo hubiese separado de la vida, claro está, sino que para más INRI, con perdón, un trasplante suyo, de su cordón umbilical, va a permitir que su hermano Andrés se escape de ir a cielo de los roucos antes de lo que la cordura, la de cualquiera, entienda por razonable.

Los padres de Andrés y de Javier tienen la satisfacción de haber engendrado la vida doblemente: han traído al mundo a un hijo que deseaban y que por miedo a la enfermedad no se atrevían a concebir, y la de haber dado a luz gracias a la ciencia, en una segunda oportunidad, la de su otro hijo, Andrés, que fue engendrado en falso por culpa de la genética. Como pueden suponer lo que los roucos opinen al respecto se las trae al pairo, pero a pesar de ello su madre ha dicho que “Respeto a todos y pido a todos que me respeten. Yo no he hecho nada malo; todo lo que he hecho es salvar la vida a mi hijo”, que es mucho más humano y congruente que lo que los roucos han dicho de ella.

Dicen que Javier es un “niño medicamento” pero a mí, en realidad, me parece que es, como decía JRJ, un “niñodios”.

Amén.