De cánones.

2 12 2009

Yo nunca me he descargado de Internet un disco de Alejandro Sanz, ni tampoco de Ramoncín. Ni si quiera sé cuántos discos tienen en el mercado ni el tiempo que hace que no sacan uno nuevo, ni  viejo. Tampoco he “pirateado” discos de Rosarillo ni de su hermana, ni, que yo sepa, de ninguno de esos que integran eso que llaman la SGAE, que ni sé quiénes son ni qué es lo que cantan, ni siquiera si cantan.

Lo que sí sé es que todos esos se llevan parte de lo que me cobran cada vez que compro una caja de DVD para mis fotos, un disco duro para mis datos, una memoria para mi máquina de fotos , un teléfono móvil o cualquier otro de los soportes que son capaces de almacenar música para oírla después, aunque la que oiga no sea la de Alejandro Sanz, ni la de Ramoncín, ni la de Rosarillo, ni la de su hermana, ni la de ninguno de esos otros que se reparten eso que llaman el canon, y que no es más que lo que yo pago por no oírlos.

Yo no dudo de las dotes musicales de todos estos pero tengo que decir que, como gustos  cada uno tiene los suyos,  ninguno de ellos ha formado parte del elenco de músicos que desde mi juventud han ido poniendo eso que tan cursimente llamamos la banda sonora de mi vida y, por ello, me gustaría saber si parte del canon que pago va a estos músicos que sí oigo en vez de a los que no oigo; al menos así me quedaría algo más tranquilo.

Estoy porque, si hace falta, se cobre a los que bajan discos de Alejandro Sanz, Ramoncín, Rosarillo o de alguno de esos otros y que les den ese dinero y sólo ese, pero que no me cobren a mí un impuesto por descargar algo que no descargo y por oír una música que no oigo,… o al menos que me dejen elegir a quien quiero que vaya mi dinero en función de mis gustos.

La verdad es que si no fuera porque no me gustan ninguno de ellos, trataría de cobrarme el canon que se llevan porque les copio una música que no les copio descargándome discos suyos aunque fuera para no oírlos, pero me puede más el desinterés que me producen.





Te recuerdo…Víctor.

27 05 2009

Yo siempre he creído en la Justicia. Es cierto que muchas veces me he cabreado porque considero que va lenta, pero luego me he contentado con aquello de que más vale lento, pero seguro. Aunque lo mismo luego me vuelve a mosquear con eso de las prescripciones o las eximentes de la obediencia debida.

La noticia salta hoy a los medios: han detenido a los asesinos de Víctor Jara;  sólo han tardado casi 36 años, si bien es cierto que contaron con la colaboración de todos los que mandaron en su país, todos esos años, para no ser descubiertos.

Los de mi generación conocimos todas sus canciones y algunas veces, en nuestra adolescencia, no tuvimos consciencia real de lo que Víctor Jara ni sus canciones representaban. Ciertamente, éramos unos jóvenes muy políticos,…ojo, que no digo politizados, y sobre todo éramos jóvenes.

También es cierto que no hubiese tenido que hacer ningún homenaje a Víctor porque nunca me olvidé ni de él ni de sus canciones, ni de lo que representó  y representaban una vez que lo comprendí, pero me he permitido hacer un homenaje a la Justicia que, aunque tarde, llega, y me permito el lujo de animarla para que no ceje en su empeño, por muy ciega que sea, de encontrar y poner en su sitio a los perpetradores de todos los desmanes que se comenten por el mundo.

¡Víctor, también recordamos a Amanda y Manuel!





¡A ésta es!

3 04 2009

Cualquiera que durante los próximos días se dejara caer por alguno de los rincones de Andalucía,  podría llevarse una impresión errónea sobre la religiosidad de este pueblo.

No quiero poner de manifiesto aquí, ni siquiera insinuarlo, que al pueblo andaluz le falte este sentimiento, cada uno la tendrá en la dosis que lo estime oportuno, pero tampoco es conveniente establecer conclusiones sobre él a tenor de lo que pudiera observarse a riesgo de equivocarse.

Cierto es que durante la Semana Santa andaluza no es difícil, sino todo lo contrario, encontrarse de lleno, por cualquier pueblo o ciudad, con una serie de imágenes acompañadas por multitud de “nazarenos” que con sus túnicas y capirotes procesionan por las calles entre una multitud expectante. Como puede suceder con otras manifestaciones religiosas tales como las romerías, incluidas las más grandes como la de la Virgen de la Cabeza o la de El Rocío, hay que saber sopesar y también diferenciar en ellas la componente religiosa de otra serie de factores que promueven la participación y asistencia a estos actos como puedan ser el cultural, la tradición y, cómo no, la pura diversión.

En muchas de nuestras ciudades y pueblos los pasos de Semana Santa amén -nunca mejor dicho- de su simbología, son obras de arte, y no es ése el único arte que puede apreciarse en las calles en esto días.  No es difícil encontrarse viendo las procesiones, junto a personas que lo viven con espiritualidad, a una gran masa que aprecia la belleza de la imaginería, las tallas de los pasos, los bordados de los palios y el arte de las cuadrillas de costaleros cuando marchan al son de Campanilleros tocado por las bandas que acompañan a los pasos.

Entre nosotros viven verdaderos entendidos, con sentimientos religiosos o no, a los que les gusta buscar los rincones más pintorescos y menos concurridos, de esos que tenemos en Málaga, Sevilla, Cádiz, Granada, Huelva, Ayamonte y otros tantos lugares de nuestra geografía, para apreciar una buena “levantá” tras el golpe de llamador -¡a ésta es!-, y una buena “chicotá” mientras se escuchan, en el silencio de la noche, las voces del capataz que, convertido en los ojos de los que llevan el paso sobre sus hombros, da las indicaciones para salvar una esquina, un cable del tendido eléctrico o cualquier otro obstáculo sin dañar las tallas o los adornos, deleitarse con el sonido del arrastrar de los pies de los costaleros y del batir de las bambalinas del palio sobre los varales, y con el olor a cera mezclado con el del azahar. Todo esto tiene algo de mágico que atrae tanto al religioso como al que vive, sin faltar al respeto del anterior, la Semana Santa en la calle con un recogimiento, digamos, distinto del de la fe.

Puede llamar la atención del foráneo que, con su idiosincrasia, este pueblo pueda compaginar lo religioso con lo profano, el recogimiento con la alegría, la devoción con la diversión… Lógicamente, nadie pretende que se nos entienda.





Sherezades

11 12 2008

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un acto conmemorativo del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que se presentó la obra de Mohamed M. Hammú, ” Sherezades “, cuentos de mujeres bereberes.

El acto, organizado por la Asociación Cultural Kalathoussa y que estuvo presentado por el escritor Paco Huelva, fue, sin dudarlo, una reivindicación del papel de la mujer bereber como difusora de la cultura y los valores de su pueblo, y de la mujer, en general, en la sociedad.

Amén del paseo onírico por el desierto que supuso oír en la voz susurrante de Hammú la dramatización de tres de las historias recogidas en su libro, los asistentes tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre el hecho de que por encima de creencias religiosas, políticas o el grado desarrollo económico de una sociedad, en todos los continentes de nuestro mundo existe la triste coincidencia de la postergación femenina a papeles secundarios cuando no al desprecio total.

El cuentacuentos se encontró en su trabajo de recolección de estas historias de tradición oral con el propio convencimiento de las mujeres de que le harían perder su tiempo, tal es la manera en que se las ha concienciado ninguneándolas siglo tras siglo: el valioso tiempo masculino frente al suyo, que no vale nada. Se confesó sorprendido, si no escandalizado, de que a su llegada a Europa la situación de las mujeres -salvando algunas distancias- no difiriera en mucho de la que había conocido África. Se horrorizó al ver cómo un individuo podía maltratar a su compañera o llegar más allá hasta el punto de quitarle la vida.

Con su manera de contar las historias, copiada sin duda de la forma en que lo hacen las mujeres que se las contaron: cogidas de las manos -porque es muy importante tocar al otro para sentirlo-,  sentadas sobre la alfombra en el patio con los ojos cerrados  -para ver las historias-, ya de noche, en el único tiempo que pueden disponer para ellas después de un día eterno de  trabajo y después de que la más anciana entonara una cancioncilla para  poner en disposición al resto de compañeras a escucharla, relajó el ambiente hasta el punto de  arrancar con las moralejas de sus cuentos las sonrisas del auditorio;  pero a la vez consiguió sembrar la inquietud por un mundo más justo para aquellas “Sherezades” y el resto de mujeres de la tierra.

A Selma.





Las marinas de Juan Ramón

5 09 2008
Marina original de Juan Ramón Jiménez (1898).© Copyright EL CULTURAL. Prensa Europea del Siglo XXI, S.A

Juan Ramón Jiménez, Marina, 1898. Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer

Verano nostálgico

LA brisa de la siesta, triste de sol nublado,
aletea y se dobla, como una mariposa,
tras la calina huida, el sol de cristal violado
camina hacia el poniente como una mustia rosa…

El ensueño es nostálgico. Una mujer romántica
y morena, vestida de nevadas batistas
en un balcón antiguo de la ciudad atlántica
pierde sus ojos grandes en el mar…

Vagas vistas
de costas que parecen de otro país, pequeñas
por el nublado, evocan horas de adolescencia
y estampas con piraguas, con visiones isleñas
tornan, entre una larga y ardiente somnolencia…

Éste es uno de los cinco poemas inéditos de JRJ que han sido descubiertos por José Antonio Expósito en  la Sala Zenobia-Juan Ramón de Puerto Rico y que ahora comenta para el suplemento de El Mundo, “El Cultural” publicado el día 4.

Fueron escritos entre 1909 y 1912 en el retiro moguereño de nuestro eterno poeta.