Yo nunca me he descargado de Internet un disco de Alejandro Sanz, ni tampoco de Ramoncín. Ni si quiera sé cuántos discos tienen en el mercado ni el tiempo que hace que no sacan uno nuevo, ni viejo. Tampoco he “pirateado” discos de Rosarillo ni de su hermana, ni, que yo sepa, de ninguno de esos que integran eso que llaman la SGAE, que ni sé quiénes son ni qué es lo que cantan, ni siquiera si cantan.
Lo que sí sé es que todos esos se llevan parte de lo que me cobran cada vez que compro una caja de DVD para mis fotos, un disco duro para mis datos, una memoria para mi máquina de fotos , un teléfono móvil o cualquier otro de los soportes que son capaces de almacenar música para oírla después, aunque la que oiga no sea la de Alejandro Sanz, ni la de Ramoncín, ni la de Rosarillo, ni la de su hermana, ni la de ninguno de esos otros que se reparten eso que llaman el canon, y que no es más que lo que yo pago por no oírlos.
Yo no dudo de las dotes musicales de todos estos pero tengo que decir que, como gustos cada uno tiene los suyos, ninguno de ellos ha formado parte del elenco de músicos que desde mi juventud han ido poniendo eso que tan cursimente llamamos la banda sonora de mi vida y, por ello, me gustaría saber si parte del canon que pago va a estos músicos que sí oigo en vez de a los que no oigo; al menos así me quedaría algo más tranquilo.
Estoy porque, si hace falta, se cobre a los que bajan discos de Alejandro Sanz, Ramoncín, Rosarillo o de alguno de esos otros y que les den ese dinero y sólo ese, pero que no me cobren a mí un impuesto por descargar algo que no descargo y por oír una música que no oigo,… o al menos que me dejen elegir a quien quiero que vaya mi dinero en función de mis gustos.
La verdad es que si no fuera porque no me gustan ninguno de ellos, trataría de cobrarme el canon que se llevan porque les copio una música que no les copio descargándome discos suyos aunque fuera para no oírlos, pero me puede más el desinterés que me producen.
Yo siempre he creído en la Justicia. Es cierto que muchas veces me he cabreado porque considero que va lenta, pero luego me he contentado con aquello de que más vale lento, pero seguro. Aunque lo mismo luego me vuelve a mosquear con eso de las prescripciones o las eximentes de la obediencia debida.
Ayer tuve la oportunidad de asistir a un acto conmemorativo del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que se presentó la obra de 







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