Han tenido que pasar 50 años para que una administración de EE.UU. reconozca que lo del bloqueo a Cuba ha sido “un fracaso”; todo un gesto que, junto a las reformas empredidas desde dentro, invita al optimismo.
Me ha gustado que la sra. Clinton haya usado esa expresión, “fracaso”, más que si hubiese dicho que no ha servido para nada, porque, paradójicamente, para algo sí ha servido.
Un enemigo exterior mantiene a la población de un país cohesionada con sus gobernantes y exacerba los sentimientos nacionalistas, por lo que el régimen castrista ha de estar muy agradecido a los distintos gobiernos de sus vecinos del norte por haber mantenido a los cubanos -a los de dentro- unidos en torno suyo tanto tiempo, obviando en muchos casos la falta de libertades a la que están sometidos. Y está claro que el bloqueo ha situado a los EE.UU. como un enemigo a la vista de los cubanos, que han visto en esa actitud una agresión y una injerencia.
También ha servido para crear una necesidad extrema en los habitantes de la isla de los bienes más básicos: medicinas, libros, material escolar, alimentos, …, por no hablar de móviles, ropa y cosas así . Ya se sabe qué pasa en cualquier sitio con la escasez y las prohibiciones, que en seguida llega un “espabilado” sin escrúpulos y te monta un mercado negro.
El fin del embargo quizás traiga, además del progreso económico a Cuba , la necesaria apertura, si no el final, del régimen de los Castro y la llegada, por fin, de las libertades tan reclamadas y deseadas tanto desde dentro como desde fuera.
La de arena la ha dado la administración Obama cuando ha anunciado la renuncia a perseguir -y la intención de defender si fueran perseguidos por terceros países- a los agentes de la CIA que hayan efectuado torturas en el hasta ahora “limbo legal” de Guantánamo, porque dicen que cumplieron con sus obligaciones fiándose del asesoramiento legal de la Secretaría de Justicia; vamos, que los torturadores debieron pensar que práticas tales como la manipulación de la dieta, la desnudez, el empujar al interrogado contra superficies flexibles que simulaban un muro, las bofetadas, los medidos golpes en el abdomen, las posiciones forzadas, el agua fría, la privación de sueño, el uso de insectos para causar terror y las simulaciones de ahogamiento, …debían ser de las más normales, ya que los abogados de la casa -que no las tienen ahora todas consigo- las habían recubierto de un pestilente tinte legal.

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un acto conmemorativo del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que se presentó la obra de 






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