La derecha económica, esa a la que le gusta llamarse liberal, ha elevado a los altares de su credo al tal Laffer. Sus teorías son también las que inspiran a nuestra derecha para sostener como una verdad indiscutible que subir los impuestos es malo porque produce el efecto contrario al deseado, y hace caer la recaudación. Laffer dice que la subida de los tipos impositivos por encima de uno que se considera ya como excesivo hace retraerse a una inversión que ve gravados en demasía sus esfuerzos y consecuentemente adelgazados sus beneficios desincentivando, de esta manera, el crecimiento y, por ende, la generación de empleo.
También nos dicen que la elevación de tipos favorece que sean menos los que están dispuestos a declarar, es decir que, según argumentan los seguidores de esta teoría, una bajada de impuestos hace aflorar contribuyentes que andaban despistados del sistema y que algunos -de los que ya declaraban- recobren la memoria y dejen de hacer trampas o las hagan por menor cuantía, y al contrario, que una subida de tipos produce un aumento del escaqueo o de la amnesia fiscal.
Lo cierto es que hay pocas verdades que sean inmutables -y algunas son hasta muy manipulables- aunque haya quien se empeñe en convertirlas en leyes absolutas,…la curva de Laffer tampoco lo es. Si bien es cierto que subiendo tipos puede caer la recaudación, esto sólo sucede por encima de un tipo impositivo máximo que, en nuestro caso, no se sabe cuál es. Por tanto mientras no se llegue a este tipo el mismo Laffer –pero no la derecha- reconoce que aumenta la recaudación. En este caso, como vemos, la derecha sólo acepta como válida la mitad de la teoría, porque desprecia la curva en su primera mitad -antes de que lleguemos a ese tipo máximo-, asumiendo como cierto que cualquier incremento de los tipos impositivos produce efectos negativos sobre la recaudación.
Respecto a los otros – los que se esconden o permanecen “sumergidos”, los que se desincentivan con tanta facilidad-, animar al Gobierno a que aumente el número de inspectores y de inspecciones fiscales porque hay cosas que son muy difíciles de creer y, nada más que se hurgue un poco, se nos viene abajo ese otro mito que nos enseñó a ser solidarios desde el punto de vista impositivo, y nos damos cuenta de que Hacienda, en realidad, no somos todos, o al menos no todos los que debíamos ser, y eso de verdad que además desencantar, cabrea.

Nos habían convencido de las bondades del liberalismo económico (o eso pretendían), de cómo los estados debían mantenerse al margen no sólo de la economía, sino también de la prestación de servicios esenciales para los ciudadanos como lo son en nuestros tiempos la educación y la sanidad, e incluso hubo alguno empeñado en quitar “músculo” al Estado de tal manera que llegó a insinuar que la seguridad teníamos que buscárnosla cada uno en la medida en que la necesitáramos y/o pudiésemos pagar.






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