Desidia

9 06 2009

pict_20081124PHT42918Raya el patetismo escuchar en las tertulias a los sesudos analistas políticos buscando las responsabilidades de la escasa participación – un 46%- en los comicios europeos del día 7 en la poca ilusión por Europa que la clase política ha insuflado en la ciudadanía. Resulta asimismo patético oír a la clase política aceptando como buenos los datos de participación porque resultan prácticamente iguales -de malos, se les debió olvidar decir- que los de las últimas elecciones europeas, y muriendo de autocomplacencia con los resultados obtenidos por sus partidos, todos buenos, por supuesto, y sin realizar un poco de autocrítica. Unos porque esperaban un desastre que no se ha producido a pesar de la que está cayendo -quizás como premio a las medidas implementadas y los esfuerzos realizados de cara a la opinión pública-, otros porque han conseguido una pírrica victoria muy inferior a la que esperaban -a pesar de los paseos por los juzgados de algunos de sus líderes-, otros se consuelan con haber repetido los paupérrimos resultados de las últimas elecciones interpretando este hecho como un freno a la caída libre en la que se veían inmersos, otros porque han pescado en río revuelto y han conseguido una representación que no tenían,…, todos contentos. Y es cierto que a casi a todos se les olvidó hablar de Europa y el debate político se ha venido a centrar en problemas domésticos, si es que puede llamarse así a una falsa polémica suscitada con los desplazamientos del presidente del Gobierno y su seguridad.

¿Pero es verdad que el problema de la abstención es por la falta de motivación con respecto Europa o es la carencia de concienciación de la ciudadanía de que su voto es importante cuando se dirime cuál va a ser su futuro o el de sus hijos? ¿Cómo convencer a la gente de la importancia y la fuerza que tiene un voto no sólo en los comicios que están fuertemente polarizados ideológicamente como sucedió en nuestras generales de 2004 y 2008 -recuérdese que la participación sobrepasó entonces el 75%-? ¿Están libres de culpa los ciudadanos que actúan con ese pasotismo esperando únicamente los beneficios del sistema sin preguntarse siquiera cómo se obtienen o de dónde vienen, quejándose de lo mal que funciona todo cuando las cosas no están de su agrado y rehuyendo el compromiso e implicación con la sociedad? ¿Es de recibo que se trate a los ciudadanos que eluden sus responsabilidades como a unos menores de edad cargando sobre otros su falta de motivación, eximiéndoles de toda culpa por el incumplimiento de sus obligaciones? ¿No sería normal que la ciudadanía tomara consciencia de una vez que en democracia la política se hace desde abajo y que a quienes hay que motivar son a nuestros representantes para que hagan bien su trabajo, ya que cobran con nuestros impuestos? ¿Tenemos los ciudadanos derecho a disfrutar de los beneficios de la democracia y podemos eludir, sin más, la responsabilidad más básica  que tenemos con ella? ¿Colisiona el derecho a “no votar” con el deseo de una sociedad mejor de las personas que se implican, cuando las consecuencias se reparten entre todos por igual? ¿Quiénes serán los verdaderos culpables cuando pase algo de lo que tengamos que arrepentirnos?

Entre tanto, en España ha ganado las elecciones un partido, en medio de un escándalo por corrupción, cuyo cabeza de lista no condena el franquismo porque considera que en aquella época se vivía en una “extraordinaria placidez”,  y que no hace mucho secundó la afirmación de un alto representante de la Iglesia Católica que considera que abortar es peor que los abusos sexuales a menores cometidos por el clero; y en el resto de Europa, de forma preocupante, ultras, xenófobos, eurófobos, euroescépticos y populistas se abren camino hacia la Eurocámara gracias a la desidia generalizada con la intención de reventar el sistema sentados en el mismo centro de sus instituciones.





El día de Europa y el voto del 7J.

9 05 2009
Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

Todavía, después de tanto tiempo, me sigue dando grima mirar esta fotografía.

Paradójicamente la democracia deparó finales distintos a la megalomanía de los que posaron en ella. Aznar recibió, en las carnes de Rajoy, el castigo por haber ignorado la opinión que los españoles y las españolas manifestamos en las calles mientras él permanecía embriagado sintiéndose un  gran líder mundial mientras ponía los pies sobre la mesa del presidente de los EE.UU. de América -del norte, claro- ,y por su mala gestión de los atentados del 11M. Hoy predica el neoconservadurismo desde el púlpito de la fundación que preside para perjudicar a su  propio partido y se dedica a los negocios familiares, además de seguir convencido de que fue un milagro para España y que nos sacó del rincón de la historia.

Blair, un político entre cuyos méritos está el haber terminado de manera negociada con el terrorismo en Irlanda de Norte, los empañó cuando desoyó también a su opinión pública en el caso de la Guerra de Irak, lo que costó a los británicos los atentendados de Londres de 2005, y tuvo un final no previsto como Primer Ministro dimitiendo en 2007 en favor de Gordon Brown. Curiosamente, desde el verano de ese año, ejerce como “enviado para la paz” al Oriente Medio -parece un eufemismo- representando a la Unión Europea, los Estados Unidos, Rusia y las Naciones Unidas.

El que dicen que es el peor Presidente de la historia de los EE.UU. de América -del norte, claro- dejó de serlo con los índices de popularidad por los suelos. Fue presidente como su padre y tuvo su Guerra de Irak como su padre, y de la manera que todos y todas sabemos y con las consecuencias que todos y todas conocemos. Su nefasto mandato abrió la búsqueda de la esperanza por parte del pueblo norteamericano depositándola en un presidente demócrata, que es, además, el primero negro de la historia del país. Debe dedicarse a sus cosas porque no sabemos nada de él.

Los que recordamos con tristeza aquellos días nos olvidamos, al dirigir nuestras fobias a estos tres, del cuarto de  esta  “foto de las Azores” -quizás porque en las más famosas sólo salen ellos-, pero no  parece justo porque  ninguneamos a Barroso con el tratamiento de convidado de piedra cuando, en realidad, ejercía de anfitrión. Quiso el destino que poco después de aquella barbaridad se jubilara del cargo el Presidente de la Comisión Europea -Romano Prodi- y, que tan solo dos años después de haber sido elegido primer ministro luso, dimitiera para sucederle en el cargo por elección del Consejo de Europa, lo que le ha supuesto, a mi entender, un premio totalmente inmerecido.

Pido perdón por todo este tedioso repaso pero, como hoy es el día de Europa, me ha pedido el cuerpo expresar que no me gusta quien la preside, y que creyendo que en domocracia es posible enmendar los errores, recordar que, anque Barroso cesa este año en el cargo, tenemos en nuestras manos la posibilidad de decidir con nuestros votos el próximo 7 de junio para que cosas como ésta no sucedan.