No abrir hasta el domingo

7 03 2009

Andaba trasteando por ahí buscando algo que me sirviera para rendir un pequeño homenaje a la mujer en la celebación de su día, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y he caído en la cuenta -para lo que no hay que ser un lince, evidentemente- de que ligar la condición de mujer a la de trabajadora no es más que una redundancia por razones evidentes.

Vuestra dignificación en el trabajo no sólo compete a las administraciones públicas, sino a todos nosotros. Las administraciones podrán legislar tratando de producir vuestra igualdad con los hombres en el mundo laboral, digamos, reglado -horarios, salarios, promoción,…- pero no pueden regular el “pluriempleo” forzoso al que os veis sometidas, quedando “fuera de convenio” el poner lavadoras, la plancha, el fregar suelos, la cocina, el desvelo con los hijos, …

Afortunadamente en mi mundo laboral no se producen discriminaciones por razón de sexo, de hecho tengo la suerte de tener más compañeras en el trabajo que compañeros, y todos y todas trabajamos con la misma competencia y el mismo reconocimiento.  Pero es evidente que, en general, queda mucho que avanzar y mucho que hacer. También en el ámbito doméstico, en el de la convivencia familiar queda mucho camino que recorrer, seguramente como consecuencia de un problema educacional. Es en éste donde el hombre, como compañero, tiene más que decir que las administraciones en el terreno de la igualdad y es necesario nuestro propio convencimiento.

A las compañeras del trabajo las felicité el viernes y en casa felicitaré mañana. Hoy quiero tener un recuerdo para vosotras, amigas internautas: bloggers -enlazadas o no-, visitantes del blog,  facebookeras, foreras y demás con las que tantos buenos ratos paso y de las que tanto aprendo.

Un beso a todas, compañeras. Pero ya sabéis, este regalo no lo abráis hasta el domingo.





NO MÁS VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

9 01 2009

La blogsfera y las redes sociales llevan desde hace  tiempo imbuidas en una guerra sin tregua contra la violencia contra las mujeres. Concretamente en la red Facebook coexisten varias iniciativas entre causas y grupos en varios idiomas que tienen ese mismo objetivo.

Hoy me llega una propuesta de una amiga de Facebook a participar desde aquí en el canal “Ni una más”, dentro del foro Mangas verdes, y a colgar  este vídeo en el que ha colaborado.

Todas las iniciativas son buenas para terminar con esta lacra.





Sherezades

11 12 2008

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un acto conmemorativo del sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que se presentó la obra de Mohamed M. Hammú, ” Sherezades “, cuentos de mujeres bereberes.

El acto, organizado por la Asociación Cultural Kalathoussa y que estuvo presentado por el escritor Paco Huelva, fue, sin dudarlo, una reivindicación del papel de la mujer bereber como difusora de la cultura y los valores de su pueblo, y de la mujer, en general, en la sociedad.

Amén del paseo onírico por el desierto que supuso oír en la voz susurrante de Hammú la dramatización de tres de las historias recogidas en su libro, los asistentes tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre el hecho de que por encima de creencias religiosas, políticas o el grado desarrollo económico de una sociedad, en todos los continentes de nuestro mundo existe la triste coincidencia de la postergación femenina a papeles secundarios cuando no al desprecio total.

El cuentacuentos se encontró en su trabajo de recolección de estas historias de tradición oral con el propio convencimiento de las mujeres de que le harían perder su tiempo, tal es la manera en que se las ha concienciado ninguneándolas siglo tras siglo: el valioso tiempo masculino frente al suyo, que no vale nada. Se confesó sorprendido, si no escandalizado, de que a su llegada a Europa la situación de las mujeres -salvando algunas distancias- no difiriera en mucho de la que había conocido África. Se horrorizó al ver cómo un individuo podía maltratar a su compañera o llegar más allá hasta el punto de quitarle la vida.

Con su manera de contar las historias, copiada sin duda de la forma en que lo hacen las mujeres que se las contaron: cogidas de las manos -porque es muy importante tocar al otro para sentirlo-,  sentadas sobre la alfombra en el patio con los ojos cerrados  -para ver las historias-, ya de noche, en el único tiempo que pueden disponer para ellas después de un día eterno de  trabajo y después de que la más anciana entonara una cancioncilla para  poner en disposición al resto de compañeras a escucharla, relajó el ambiente hasta el punto de  arrancar con las moralejas de sus cuentos las sonrisas del auditorio;  pero a la vez consiguió sembrar la inquietud por un mundo más justo para aquellas “Sherezades” y el resto de mujeres de la tierra.

A Selma.