Fumando espero.

25 02 2009

Se puede decir que los de mi edad -y los mayores que yo- no tuvimos otra oportunidad que la de ser fumadores, porque sin fumar no eras nadie. ¿Como ibas a ser a los 12 o 13 el “muchachito” de la peli que acababas de ver en el cine sin fumar? Los demás niños se reían de mí -y yo de ellos- cuando me ponía verde por las arcadas, pero ahí estuvo el tío que aprendió a fumar,…más de la cuenta, diría yo.

Llevo sin fumar lo que lleva en vigor la “ley antibaco”,desde el 1 de enero de 2006, es decir,algo más de tres años. Si a esto le sumo los trece que me tiré sin ser fumador activo -porque pasivo lo fui desde que nací- podría decir que he estado sin fumar tan sólo un mísero 38,44% del total de mi vida, porcentaje que, dicho sea de paso, espero ir aumentando, lógicamente, con la edad.

No piensen los grandes fumadores que si digo esto, que conseguí dejar de fumar, será porque era un fumador ocasional de esos que se fuman un cigarrillo en las ocasiones especiales, de los de bodas, bautizos y comuniones, o de los de la comida con los amigos,…de los que me dan envidia. Cuando dejé de fumar no lo hacía nada mal. Dos paquetes y medio de Ducados y algún que otro “purito” caían a diario; todo esto, claro está, sin estar de fiesta, ahí ya ni se sabe. Su trabajo costó, e incluso algún susto provocado por un ataque de ansiedad y algún que otro kilo de más con el que ando a la gresca.

Se puede decir que fui uno de aquellos a los que la incomodidad que le iba a suponer el seguir fumando sedujo para dejar de hacerlo definitivamente, porque a la mayoría de los fumadores nos preocupa tan poco nuestra propia salud que son otros los motivos que nos llevan a dejar el tabaco. Objetivo cumplido y bien por la ley.

Estos días, en la prensa, aperecen noticias sobre la ley que dicen que ésta está agotada, que no está incentivando la disminución del hábito y que el consumo está estancado. Pero lo más grave que he leído al respecto tiene que ver con la vulneración de los derechos -del derecho a no fumar- de miles de trabajadores de la hostelería que se ven obligados a desenvolverse en un hábitat cargado por el humo de los clientes de los restaurantes, bares y otros locales donde la ley permite que se fume. Cifran en 1000 las muertes entre estos trabajadores que se podrían haber evitado si la ley hubiese prohibido fumar en los espacios cerrados las que, unidas a otras 1200 de fumadores pasivos -clientes- en estos locales, elevan el total de víctimas causadas por la permisividad de la ley a 2200.

No soy un ex fumador -o no sé si decir fumador, porque creo que esto no se deja del todo-  intransigente ni estoy en contra de los fumadores. Es más, me gusta salir con algún compañero o compañera del trabajo a la calle, acompañarlos a echar el cigarro y, de paso, alargar la nariz para pillar “pasivamente”, aunque a voluntad, el aroma de su cigarrillo. La verdad es que se han creado buenas tertulias a las puertas de los lugares de trabajo, y hasta han surgido nuevos lazos de amistad o se han reforzado otros. Pero si está demostrado que ” EL TABACO PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD”, deberíamos pensar más en la de los que no quieren fumar y se ven forzados a ello, que en la de los que voluntariamente se someten al placer del humo, y menos en su comodidad.

Yo prometo seguir acompañándoos.